Fue Colón, ¿un espía al servicio de Portugal?

seres-sin-rostro.jpg Por Mario de Quiroz

 Sobre los orígenes de Cristóbal Colón, casi todo se ha dicho. Ríos de tinta se han vertido para exponer las más diversas teorías sobre la nacionalidad de este navegante, posiblemente el segundo personaje histórico más conocido universalmente después de Jesucristo.

Han pasado más de cinco siglos desde que Colón reclamó soberanía en favor de los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón de los territorios a los que arribó el 12 de octubre de 1492, cuando fondeó en la minúscula isla de San Salvador de Bahamas y que confundió con la costa de la codiciada India.Las investigaciones sobre su vida y su nacionalidad continúan, simplemente porque la incógnita persiste. El investigador español Ángel de Altolaguirre y Duval, llegó a la conclusión en 1908 que la lengua usada por Colón “era un dialecto seguramente portugués”, mientras que Ramón Menéndez Pidal, presidente de la Real Academia Española de la Lengua de 1925 a 1939 y de 1947 a 1968, también aseveró que “su vocalismo, tiende para el portugués”Uno de los más rigurosos investigadores que siguen el curso de vida del navegante es el médico e historiador luso-estadounidense Manuel Luciano da Silva, quien publicó en 2006 el libro titulado “Cristóbal Colón era portugués”. Este especialista en genética no niega la existencia de un humilde tejedor genovés llamado Cristophoro Columbo, que en 1476 se estableció en Lisboa, entonces la ciudad más rica y floreciente de Europa debido a la expansión portuguesa allende el mar, iniciada un siglo antes del arribo del almirante a lo que luego se llamó América.Lo que sí cuestiona es que se tratase del almirante Cristóbal Colón, que se puso al servicio de las coronas de Castilla y Aragón para realizar el célebre viaje en busca de la mítica India y que en realidad culminó en otro continente.La verdad, es que el hombre que se topó con América al intentar llegar a India, era un portugués de la aldea medieval de Cuba, ubicada en la región meridional de Alentejo, aseguró Luciano da Silva.

Es una teoría apoyada por el historiador Augusto Mascarenhas Barreto (“Colombo Português: Provas Documentais”). El almirante habría nacido en Cuba de Alentejo, en 1448, como hijo bastardo del infante Don Fernando, duque de Vise y Beja, y de Isabel Zarco.

Mascarenhas Barreto asegura que el nombre Colombo habría sido el pseudónimo “robado” al tejedor genovés y que adoptó como espía al servicio de Don João II (rey Juan II de Portugal). Su nombre verdadero habría sido Salvador Fernandes Zarco, pero que, en cambio, lo identifica como nieto materno ilegítimo del filibustero lusitano João Gonçalves Zarco.

Cuba de Alentejo es mucho más antigua que la república del Caribe que adoptó ese nombre. Desde el siglo XIII, existen referencias a su existencia y en su subsuelo existen vestigios de la Lusitania Romana. En homenaje a su tierra natal, entonces el almirante habría bautizado Cuba a la mayor isla del Mar de las Antillas, una teoría también expuesta en el libro “El Misterio de Colón Rebelado”, editado en octubre de 2006. El historiador estadounidense Eric J. Steele, uno de sus autores, precisó en la oportunidad que “todo parece indicar que estamos ante un espía portugués que condujo en forma magistral a los españoles para un logro, dejando el camino libre a los portugueses para llegar a la verdadera India”, alcanzada por el almirante Vasco da Gama en 1498, estableciendo una ruta bordeando las costas africanas.

Entre todas las investigaciones realizadas, la del doctor Da Silva se presenta como la más consistente, al incluir exámenes genéticos y recurrir a la filología, analizando textos en castellano antiguo que le identificaban como “un extranjero en España”.

Sin embargo, para este persistente médico e investigador histórico, no ha sido fácil la recolección de datos, debido al gran secretismo sobre Colón conservado por las autoridades portuguesas pasados cinco siglos.

Consultado por IPS sobre una posible mayor apertura futura, Da Silva es enfático: “infelizmente, todo sigue igual hasta el 30 de enero de 2008” y recuerda que “en España, las autoridades eclesiásticas y gubernamentales autorizaron al doctor José Lorente, especialista en genética humana de la Universidad de Granada, a abrir los mausoleos de la Catedral de Sevilla”.

La operación forense de Sevilla se destinó a obtener de los esqueletos de dos parientes próximos del navegante, su hijo Fernando y su hermano Bartolomeu, allí sepultados, los cromosomas Y para poder acabar científicamente con la vasta especulación histórica.

Las autoridades equivalentes de Portugal “no permiten a los especialistas en genética humana de la Universidad de Coimbra realizar los estudios de ADN en los esqueletos (de presuntos parientes portugueses de Colón), para hacer el análisis comparativo con los cromosomas Y ya encontrados en España”, deplora el investigador.

El proceso científico se basa en que los humanos poseen 46 cromosomas, dispuestos en 23 pares contenidos en cada célula. El 23, el más pequeño de esos pares, determina el sexo: XX femenino, XY masculino. El cromosoma Y del par 23, no modifica jamás de generación en generación por miles de años, lo cual permitiría determinar si los portugueses supuestamente parientes de Colón son realmente sus descendientes.

En 2005, luego de las conclusiones del profesor Lorente, aparecieron 477 presuntos descendientes de Colón, provenientes de España, Italia y Francia, pero en ninguna de ellas se demostró consistencia. En Portugal, “ningún político debería bloquear el progreso de la ciencia”, opina el médico e historiador, que lamenta no ver indicios de que el gobierno actual vaya a reconsiderar su actitud.

Sin embargo, reconoce otras dificultades en las búsquedas de ADN en los huesos de los mausoleos lusos, “estimuladas por historiadores aficionados, porque los llamados historiadores profesionales de las universidades portuguesas no quieren saber de estas investigaciones, ya que no entienden nada de la ciencia de genética humana”.

No obstante estas dificultades para continuar la investigación científica, Da Silva no tiene “la más mínima duda de que Cristovão Cólon (como insiste en indicar la correcta escritura del nombre y el apellido, con acento en la primera o), era portugués”.

Cita “las dos Bulas Papales de 1493 sobre el descubrimiento de América, escritas en latín, indicando su nombre en portugués. No está escrito en latín Christophe Columbus, ni en italiano Cristophoro Colombo, ni en castellano, Cristóbal Colón, sino en portugués”.

En la segunda Bula, su nombre es escrito “Cristofõm”, con la terminación “õm” del antiguo portugués, que luego derivó en la actual terminación “ão”, existente únicamente en este idioma. En el contexto histórico en que Colón vivió es impensable que un cardador de lanas genovés pudiese dominar el griego, latín, castellano, portugués y hebreo, además de poseer profundos conocimientos de cartografía, filosofía y navegación, sostiene, por su parte, el director editorial del semanario lisboeta Prespectiva, Pedro Laranjeira, en una amplia investigación publicada este mes.

Si se cuenta con un conocimiento mínimo de la sociedad del siglo XV, es fácil deducir que un pobre inmigrante jamás se podría haber casado con Doña Filipa de Perestrelo, hija del noble Bartolomeu de Perestrelo, capitán-general de Porto Santo, en el archipiélago atlántico de Madeira, asegura Laranjeira.

¿Por qué entonces Colón, sea él Cristovãm, Cristovão, Cristopharo, Cristóforo o Cristóbal escondió sus orígenes?

La teoría más plausible es que Don João II le convenció a presentarse en la corte de Burgos para desviar a España de sus apetitos sobre el codiciado comercio con Asia. Los intereses de Europa en esa época se centraban en las riquezas del oriente, pero el Imperio Otomano impedía a las naciones cristianas pasar por territorios islámicos. Portugal se empeño entonces en descubrir la manera de ir por mar y Colón aseguró a la monarquía española que esto era posible navegando hacia occidente.

Una buena parte de las escuelas históricas de varios países estiman que Portugal ya había fondeado en las Terras de Santa Cruz (actual Brasil) mucho antes del viaje de Colón y de la llegada del almirante Pedro Alvares Cabral a Porto Seguro en 1500, una fecha que marca sólo “el descubrimiento oficial” de ese territorio sudamericano. Como demostración, los archivos históricos de París y de Lisboa conservan una carta del francés Jean de Léry, fechada en 1480, y otra de Estêvão de Fríos, de 1493, que mencionan claramente la existencia de la Terras de Vera Cruz, más tarde llamadas de Santa Cruz.

Según Laranjeira, Portugal esperó pacientemente el regreso de Colón para firmar el Tratado de Tordesillas en 1494, dividiendo el mundo en dos mitades, una para España, pensando que India le pertenecería, y otra para Portugal, donde en cambio, estaba la verdadera India. En otras palabras, Don João II habría pedido al portugués Cristovãm Cólon, convencer a los reyes españoles que habían descubierto la ruta marítima a India.

Después de la llegada del portugués Vasco da Gama a la verdadera India, en 1498, Colón comienza a vivir una pesadilla en España, donde le era difícil insistir en que había alcanzado Asia, cuando en realidad no había pasado de las Antillas. Además de su supuesta condición de agente secreto al servicio de la corte lusitana, las razones más atendibles para ser discreto era su probable origen judío, en una época en que la Santa Inquisición de la Iglesia Católica se había instalado en España, en 1478, y en Portugal, en 1497.

A diferencia de España, en Portugal muchos hijos de la nobleza llamados ilegítimos ocuparon cargos de confianza en la corte. Asimismo, la mayoría de los cartógrafos, considerados los más precisos de los siglos XIV, XV y XVI, eran judíos de la zona de Covilhã y Belmonte, en el centro del país.

Colón fue genovés para los italianos, castellano para los españoles y ahora lusitano para los portugueses.

Pero al concluir, Da Silva apuntó que su libro “fue editado en mayo de 2006 y todavía no apareció ningún historiador cuestionándolo, porque no hay dudas de que era portugués

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